… defendiéndolas, defiendo la razón

CABRAL DE NOROÑA, Miguel

[Carta, 1791 julio 23, San Diego (La Laguna), de Miguel Cabral de Noroña a Carlos Francisco] [Manuscrito]. — La Laguna, 1791

Sign. JAAR 17/13

… Vm. amigo, habla con demasiada acrimonia contra estos dulces pedazos de nuestro corazón. Llamar a las mujeres ídolos nocivos al bien común. ¡Que proposición tan áspera! Si los más ilustres escritores, desde Plutarco hasta Mr. Thomas no hubiesen honrado sus plumas brillantes y enérgicas en defensa y elogio del bello sexo, yo mostraría cuantos homenages de gratitud le debemos. Las mujeres han hecho ver en todos los siglos, y en todas las naciones que la naturaleza en nada les hiso inferiores al hombre; antes les ha dado sobre él el imperio de las gracias y de la belleza, de la sensibilidad y la ternura. Ellas tienen un alma tan noble como la nuestra, y si los órganos de sus cuerpos no son tan fuertes y capases de las mismas acciones que los nuestros, es esta una falta que debe únicamente atribuirse a la educación y al retiro a que las ha condenado el bizarro capricho de nuestras constituciones políticas. Yo no veo en qué ellas sean nocivas al hombre, sino porque este abusa de su decoro. Las cosas más santas pueden convertirse en lazo y las más saludables en veneno por el abuso que de ellas se haze. Vmd. mas bien que yo debe defender esta causa, ella le toca más de cerca; y Vmd. no puede abandonarla sin dexar perder los preciosos derechos de una cara mitad de sí mismo. Yo solamente las defiendo por lo que tengo en común con ellas en la Naturaleza, y por los beneficios que todos les debemos: ellas nos dan la vida y jamás nos la dan sin exponerse a perder la suya, defendiendolas, defiendo la rasón.

Con estas palabras se dirigía el clérigo Miguel Cabral de Noroña a su amigo Carlos Francisco desde el Convento de San Diego del Monte en La Laguna el día 23 de julio de 1791. Esta defensa es una muestra más de la interesante y rebelde personalidad de este clérigo, político liberal,  filósofo y revolucionario portugués que, después de vivir en Canarias, viajó por Europa y América. La misiva se conserva entre otros escritos del mismo autor en el Archivo personal de José Agustín Álvarez Rixo, donado a esta Biblioteca en el año 2014 y fue publicada por primera vez en la obra Liberales canarios en el Cádiz de las Cortes, pp.77-78.

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